La Naturaleza del Ego

“La necesidad de oponerse, de resistirse y de excluir está incorporada en la estructura misma del ego ya que esto le permite mantener el sentido de separación del que depende su supervivencia. De modo que <<yo>> voy contra el <<otro>>, <<nosotros>> contra <<ellos>>.

El ego necesita estar en conflicto con alguien o con algo. Eso explica por qué buscas la paz, la alegría y el amor, pero no puedes tolerarlos por mucho tiempo. Dices que quieres la felicidad, pero eres adicto a tu infelicidad. En último término, la infelicidad no surge de las circunstancias de tu vida, sino del condicionamiento de tu mente. “

Eckhart Tolle

INTRODUCCIÓN

El Ego: Tal vez sea uno de los términos más empleados en nuestro enfoque terapéutico. Si nos ocupamos de aquellos aspectos psicológicos que trascienden el ego, esto quiere decir que asumimos que el núcleo de nuestros males está en esta entidad psíquica. ¿Pero realmente conocemos qué queremos decir cuando decimos ego? ¿Qué estamos describiendo? ¿Es un concepto, una entidad, una energía, una parte atrofiada de nosotros mismos? ¿Es algo que tenemos que extirpar, erradicar o por el contrario, algo que debemos integrar y trascender si queremos seguir evolucionando? ¿No es esta ilusión -que seremos más evolucionados que el resto de los mortales- una treta más de nuestro ego por autopreservarse? De cualquier modo, nuestro proceso evolutivo nos va mostrando que nuestro ego es nuestro, pero nosotros no somos ese ego.

QUÉ ES EL EGO.

Psicológicamente hablando, el ego es una estructura psíquica que sostiene buena parte de nuestro entramado racional y cultural y que nos permite desenvolvernos en nuestro entorno social y cultural. Gracias a él podemos afirmar nuestro yo, diferenciándolo del entorno. Podemos también realizar una serie de complejas operaciones cognitivas como establecer categorías a los objetos, a las experiencias y a las personas que nos rodean, con el fin de crear modelos que nos permitan adaptarnos a la realidad. A la memoria y la interpretación (percepción) de los eventos y las cosas, les debemos, no solo sobrevivir como especie, sino también desarrollar una civilización en constante evolución como la nuestra.

El ego es como un software que nos instalan cuando somos pequeños con todo el contenido y la interpretación que hace nuestra cultura del mundo, así que no tenemos que descubrir el fuego o la rueda o el lenguaje, porque todo esto ya nos es incorporado por las personas que nos rodean y queda arraigado en ese software.

Así que el ego es un salto evolutivo para nuestra especie, lo mismo que el dedo prensil o el cambio de ser cuadrúpedos a bípedos para nuestros antecesores los simios superiores.

Como en el cuento de La Bella Durmiente, que las hadas madrinas otorgan a la bebé unos dones para favorecer su vida, cuando nacemos nuestros mayores nos asignan una serie de regalos en forma de expectativas, que van determinando nuestra futura identidad. Nos asignan un nombre, una identidad sexual, un lugar en la familia y en la sociedad, nos dicen a quién nos parecemos y de quién debemos diferenciarnos… Nos marcan con una identidad que a ellos les permite objetivarnos y a nosotros, nos da la seguridad de ser.

Esta estructura es básica para nuestro desarrollo ya que, por una parte nos separa del resto del mundo y nos da una sensación de ser únicos y separados de los demás, y nos brinda la seguridad de una identidad, una certidumbre acerca de cómo podemos relacionarnos con los demás, con las cosas y con las situaciones, basada en ese conjunto de expectativas creadas y en la percepción de nuestras experiencias infantiles.

Pero, ¿por qué ese escalón necesario en nuestro desarrollo, se convierte en la loza que nos aplasta la expresión más elevada de nosotros mismos? ¿En qué momento esto se convierte en nuestro billete al sufrimiento y la infelicidad?

El desequilibrio evolutivo consiste en que hemos dejado de utilizar nuestra mente, para ser gobernados por ella. Un pensamiento no es más que una descripción de algo que percibimos a través de nuestros sentidos. Sin embargo, nos han enseñado desde pequeños, que somos lo que pensamos y por lo tanto todo lo que percibimos también es  lo que nosotros pensamos que es.

Nuestro ego va adquiriendo una voz (o múltiples voces) que nos va narrando la vida. Dejamos pues, de percibir la realidad para empezar a relacionarnos directamente con la construcción mental que hemos hecho de ella. Es por esto que en psicología se le atribuye al ego un carácter fantasmagórico, porque recrea un mundo mental paralelo, basado en las percepciones de él hechas en el pasado, y es con esa creación mental con la que terminamos relacionándonos, alejándonos así de la realidad tal cual es. Eckhart Tolle dice: “El Ego es un conglomerado de formas de pensamiento recurrentes y pautas mentales y emocionales condicionadas a las que conferimos un sentido del <<yo>>. El ego surge cuando nuestro sentido del Ser del <<yo soy>>, que es conciencia sin forma, se enreda con la forma. Esta es la consecuencia de la identificación: el olvido del Ser, el error primordial, la ilusión de separación absoluta que convierte la realidad en una pesadilla.”

Una de las estructuras mentales básicas que sostienen el ego es la identificación. La palabra identificación viene de ídem, que significa <<lo mismo>> y facere, que quiere decir <<hacer>>. Así que cuando nos identificamos con una cosa la <<hacemos lo mismo>>, la hacemos lo mismo que yo, es decir, que pasa a formar parte de nuestra identidad.

Eckhart Tolle distingue entre dos aspectos constitutivos la identificación egóica: El contenido, que va cambiando de objeto en objeto y la estructura que es el sentido mismo de propiedad que le atribuimos al objeto. “Las formas de pensamiento <<yo>> y <<mío>>, <<más que>>, <<quiero>>, <<necesito>>, <<tengo que tener>> y <<no es suficiente>> no corresponden al contenido, sino a la estructura del ego. El contenido es intercambiable. Mientras no reconozcas esas formas de pensamiento en tu interior, mientras sigan siendo inconscientes, creerás lo que dicen; estarás condenado a buscar y no encontrar, porque cuando esas formas de pensamiento actúan, ninguna posesión, lugar, persona o condición te dejará satisfecho.

El contenido del ego varía de unas personas a otras, y en una misma persona de un momento vital a otro, pero en todo ego actúa la misma estructura. Independientemente del objeto, todos los egos viven de la identificación y de la separación. “Cuando vives a través del ego, es decir, del yo creado por la mente y formado por pensamientos y emociones, la base de tu identidad es precaria porque el pensamiento y la emoción son, por naturaleza, efímeros, fugaces. Así pues, todo ego está luchando constantemente por la supervivencia, intentando protegerse y agrandarse. Para sostener la idea del yo, necesita la idea opuesta del <<otro>>, El <<yo>> conceptual no puede vivir sin <<otro>> conceptual. Los otros son más otros cuando los veo como mis enemigos. En un extremo de la escala de esta pauta inconsciente del ego está el compulsivo hábito egoísta de encontrar defectos en los otros y quejarse de ellos. “

EFECTOS DE LA CONCIENCIA EGÓICA

Cuando nos identificamos profundamente con la voz de nuestra mente y sentimos que nuestros pensamientos y emociones son quienes somos, pasamos a actuar de acuerdo a esa historia que hemos creado de nosotros mismos. Es decir, nos convertimos en cuerpos adultos que viven y reviven esa historia pasada. Adyashanti afirma, “nuestros egos son, en esencia, el pasado que se expresa a sí mismo en el presente. Quiero decir con esto que el ego no es más que el despliegue y la exposición de nuestro condicionamiento en el aquí y el ahora, en nuestra manera de pensar, actuar y reaccionar. En el estado egoico de la conciencia no disponemos en realidad, de tanta capacidad de elección ni libre albedrío como nos figuramos.”

Normalmente podemos vivir con esa conciencia egoica que nos estereotipa a nosotros, a los  otros y a la realidad, esto es, que nos convierte en objetos mentales. Así que nosotros y lo que nos rodea dejan de existir más allá de nuestra concepción mental de ellos. Digo que podemos vivir, porque de hecho lo hacemos. Asumimos como normal nuestro irrefrenable deseo de tener, nuestra infatigable insatisfacción, nuestra sempiterna queja, con su necesaria autojustificación. Podemos vivir temerosos del futuro amenazante o resentidos del pasado que nos marcó. Podemos vivir avergonzados de sentirnos insuficientes y de enmascarar esa insuficiencia con diversos yo ideales que tendemos a imponer a los demás. Podemos vivir resistiéndonos al más que seguro daño que nos hacen los demás y la realidad. Podemos vivir, sabiendo que una y otra vez repetiremos esa historia que tanto nos atormenta. Podemos vivir en permanente pie de lucha ante todo y ante todos. Podemos vivir consumiendo nuestra alegría y arrebatándosela a los demás. Podemos esquilmarlos a todos y al planeta… Podemos, hasta que un día dejamos de poder con tanto sinsentido vital, hasta que sucumbimos a la crisis, hasta que por obra y gracia de la misma vida, paramos y nos rendimos. O no. También podemos seguir resistiéndonos a ese acto sublime de dejar de luchar y reconocer que ya no sabemos quienes somos. Podemos luchar hasta la extenuación matando y muriendo por nuestro seguro y triste drama vital.

Esta inconsciencia presente en todos nosotros y validada por la sociedad desde hace cientos de años, se va perpetuando de generación en generación. Cuando decidimos dejar de luchar o de sedar esa infelicidad constante, podemos descubrir que no somos eso que pensamos, que somos la conciencia que subyace a esos pensamientos, somos lo que está debajo de ese todo ese barullo mental y emocional. Pero a ese nivel de experiencia no podemos llegar con otro concepto mental, solo podemos acceder aquietando nuestra mente, separándonos del sinfín de categorías que hemos construido y dejándonos sentir la vida, sin juzgarla.

La voz de nuestro ego, sigue contándonos la misma historia, pero poco a poco, vamos descubriendo que no es más que un punto de vista que construimos en un determinado momento. Empezamos a liberarnos de su tiranía y su necesidad a autovalidarse permanentemente y vamos aprendiendo a caminar por el mundo de la experiencia directa, sin las muletas de las categorías mentales preestablecidas.

TRASCENDER EL EGO

A medida que nos vamos liberando de esa voz inconsciente, a medida que ganamos conciencia y relación directa con la vida, vamos desobjetivando a los otros, a las formas y a las situaciones. Esto quiere decir que vamos aprendiendo a relacionarnos directamente con lo que nos rodea y a respetar y honrar su presencia. Se despierta un creciente amor por la vida tal y como se expresa y se relaja por tanto, nuestra angustia anticipatoria.

En cuanto empezamos a transformar las ideas que tenemos acerca de nosotros mismos, dejamos el camino que seguíamos y se nos abre una puerta a lo que somos y a quienes somos en realidad. Todos tenemos este anhelo natural de felicidad y de libertad. Llevamos muy dentro de nosotros el deseo de no sufrir. Cuando empiezan a abrirse nuestros corazones, queda claro que ninguno de nosotros quiere tampoco hacer sufrir a los demás.”

Aquietar nuestra mente a través de la meditación y del estar conscientes en el presente, nos permite separarnos de ese torrente de pensamientos. Y no es simplemente un acto cognitivo, es decir, no sólo descubrimos la inconsciencia de nuestra historia egoica, sino que emocionalmente nos separamos también, naturalmente, desde la amabilidad y la aceptación a nosotros mismos y a la realidad que nos rodea. Descubrimos además que ese ego que nos ha mantenido alienados por tanto tiempo, es el mismo que aliena a quienes desde la inconsciencia se relacionan con nosotros. Aprendemos  por tanto, que su actuación no es algo personal en contra nuestro, sino que es su forma de proceder con todos aquellos que les rodean. Esto no significa que no necesitemos retirarnos si una situación nos agrede o, incluso, que no tengamos que poner límites a las actuaciones inconscientes que nos pueden afectar directamente. Significa que nos podemos liberar de la tendencia automática a defendernos y a atacar al otro.

Eckhart Tolle afirma que una forma de ver nuestro ego en acción, es observar nuestro argumento mental y darnos cuenta si en él está presente el <<yo más que tú>>, <<mío>>, <<me>> o <<te>>. Por ejemplo: “Yo sé y tú no”, “Tú no me vas a ganar”, “Quién te has creído que eres”, “te vas a enterar”, “si no lo hago yo, no lo hace nadie”, “Tú no lo puedes hacer como yo”… Descubrimos entonces que, por la razón que sea, estamos otra vez en nuestro Trance Egoico, separados de la realidad y validándonos de nuevo nuestra historia.  Poder ver esta historia, como una parte más de nosotros mismos, sin juzgarnos, respirar y decidir qué hacer, es el principio de nuestra desidentificación egóica.

Reconocer que no somos más que la vida expresándose a través nuestro, que todo, incluso nosotros, pasaremos y que si bien no somos tan importantes como nos hemos creído, somos indispensables para que este momento sea el que es, es abrirnos a la siguiente puerta de la conciencia, la puerta que nos permite trascender el ego y abrirnos a la vida.

En voz de Frances Vaughan, “Aprender a prestar atención a nuestra experiencia interna y no confundirla con nuestra interpretación de la experiencia directa nos coloca en situación de producir cambios positivos en nuestro concepto de self. Cuanto más auténtico e inclusivo sea nuestro self y cuanto menos limitado esté por restricciones conceptuales de cualquier tipo, más fácilmente tendrá lugar el cambio”.

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7 comentarios en “La Naturaleza del Ego

    1. Gracias, Rosa. Me alegra que te sirva de base para explicar esta complicada estancia psíquica, con la cual nos identificamos a tal punto que solemos olvidar que nuestra conciencia es mucho más que lo que expresa nuestro yo. Un abrazo!

  1. Maravillosa explicación, puntual y realista; considero, que si todos lograramos trascender nuestro ego viviríamos una sociedad menos violenta y más consciente, ya que, el ego, es el causante de muchos de los problemas de las relaciones humanas…

    Gracias por compartir!!!!

    1. Gracias a ti, por estar Aquí!!!
      Saber que este ego no eres tú, pero es tu responsabilidad construirlo, haciéndolo fuerte, flexible y adaptativo, te da el poder y la responsabilidad de permitirte seguir evolucionando, soltando aquellos puntales que en algún momento de la vida te fueron necesarios y aventurarte a experimentar la incertidumbre y el gozo de estar presente.
      Un abrazo!

  2. Soy sociólogo pero interactúo mucho con psicólogos y otros terapeutas.Me parece importante lo de la meditación como punto de partida para reconocer el aquí y el ahora. La metáfora del la proyección del pasada en una pantalla presente y la posibilidad de reconocer que es una película y no la realidad, es vital .Gracias por compartir esta información. Te lo agradezco en lo personal y profesional.Saludos

  3. Gracias. Magnífico artículo en el cual me sentí plenamente reflejado, y en dónde ví claramente los diferentes subterfugios que he utilizado para lo esencial sea invisible a mis ojos. Gracias por guiarnos a ser mejores personas.

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