La cuestión de ser -Tomado del libro “La vía de la liberación”, Adyashanti. Ed. Gaia, 2014

 

En la entrada del Oráculo de Delfos estaban escritas las palabras conócete a ti mismo. Después vino Jesús, que añadió la sensación de urgencia y relevancia a la antigua idea cuando dijo: “Si sacas a la luz lo que está dentro de ti, lo que saques a la luz te salvará. Si no sacas a la luz lo que está dentro de ti, lo que no saques a la luz te destruirá”.

Lo que Jesús está diciendo es que la espiritualidad es un asunto serio y tiene consecuencias. Tu vida pende precariamente de un hilo, alternando entre un estado de sonambulismo inconsciente y la iluminación espiritual, en la que mantienes los ojos abiertos. El hecho de que la mayoría de personas no vean la vida de esa manera testifica lo profundamente dormidas y en negación que están.

Entonces, ¿qué es lo que hemos de sacar a la luz? Dentro de cada una de nuestras formas reside el misterio existencial de ser. Aparte de nuestra apariencia física, personalidad, género, historia, ocupación, esperanzas, sueños, idas y venidas, hay en nosotros un inquietante silencio, un abismo de quietud cargado de una presencia etérica. A pesar de que gestionamos todos nuestros asuntos ansiosamente y de nuestra obsesión por la trivialidad, no podemos negar por completo esta esencia fantasmal de nuestro núcleo. Y sin embargo, hacemos todo lo que podemos por evitar esta quietud, su silencio, su completo vacío y radiante intimidad.

Ser es eso que altera nuestra insistencia en permanecer en el reino de nuestra desesperación secreta y adormecedora de la vida. Es el picor que no podemos rascar, el susurro que no podemos negar. Ser, ser verdaderamente, no es algo dado.

La mayoría de nosotros vivimos en un estado en el que nuestro ser quedó exiliado hace mucho tiempo al reino de la sombra de nuestra angustia silenciosa. A veces, ser abre paso a través del tejido de nuestra inconsciencia para recordarnos que no estamos viviendo la vida que podríamos vivir, la vida que realmente importa. En otros momentos ser se retira al trasfondo, esperando silenciosamente que le dediquemos nuestra atención. Pero no te equivoques: ser  – tu ser- es el asunto central de la vida.

Permanecer inconsciente de ser es estar atrapado en un erial de conflicto, lucha y temor creado por el ego, y que parece lo habitual solo porque nos han lavado el cerebro generando en nosotros un estado de descreimiento en el que consideramos normal y razonable una chocante cantidad de odio, deshonestidad, ignorancia y avaricia. Pero estos estados no son razonables, ni siquiera están cerca de serlo. De hecho, nada podría ser menos razonable e irreal que lo que nosotros, los seres humanos, llamamos realidad.

Al aferrarnos a lo que sabemos y creemos, el movimiento de nuestro pensamiento e imaginación condicionados nos mantiene cautivos, haciéndonos creer en todo momento que somos perfectamente racionales y sensatos. Por lo tanto, continuamos justificando la realidad que nos causa – y que causa a otros- cantidades inconmensurables de dolor y sufrimiento.

En el fondo, todos sospechamos que nos equivocamos de plano en nuestra manera de percibir la vida, pero nos esforzamos mucho, muchísimo, por no darnos cuenta de ello. Y nuestra manera de seguir ciegos a nuestro pavoroso estado es una negación obsesiva y patológica de ser, como si nos fuera a sobrevenir algún destino terrible si afrontáramos la pura luz de la Verdad y pusiéramos de manifiesto nuestro temeroso apego a la ilusión.

Dentro de la dimensión de ser, la Verdad se revela a sí misma: no la verdad de las matemáticas o de la química, de la filosofía o de la historia, sino una Verdad que empieza a revelarse en esos momentos serenos en los que de repente la rutina ordinaria de la vida se hace transparente a un significado y significación sublimes y desconocidos hasta entonces.  Estos encuentros vitales e inesperados con ser indican una Verdad situada justo debajo del tejido de nuestras vidas cotidianas, y nos recuerdan que la vida a la que nos aferramos podría ser más disparatada de lo que nos habíamos imaginado, y que hay una Realidad capaz de desentrañar el misterio de nuestras vidas si nos sometemos a su rigurosa orden de dejar atrás nuestro temeroso compromiso con la seguridad y la existencia tal como la hemos conocido.

Todos nacemos con el ser velado por la oscuridad. Podemos reconocer la transparencia de ser brillando en los ojos de un niño, pero ese ser no es consciente de sí mismo. Está velado por la ausencia de autoconciencia. Los niños viven en el mundo mágico del ser inconsciente, mientras que los adultos vivimos en un mundo de separación egocéntrica y negación de ser. Rectificar y restaurar el ser  a su verdadero dominio y soberanía es lo que permite el despertar espiritual.

Esta cuestión de ser lo es todo. Nada puede ser más importante ni tener más consecuencias; pero no hay nada en lo que las apuestas sean más altas. Permanecer inconsciente de ser es seguir dormidos a nuestra propia realidad, y por lo tanto dormidos a la Realidad en general. La elección es simple: despierta al hecho de ser  o duerme un sueño sin fin.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s