Sigue el hilo de Ariadna de tu emoción presente y acompaña al pequeño Minotauro que habita en tu inconsciente.

Eso que creemos que somos, eso que sentimos como “mi identidad“, es una historia que hemos creado sobre nosotros, los otros y el mundo, a partir de percepciones del pasado, captadas en momentos en los que asumimos que debemos protegernos porque nuestro sistema corre peligro. Entonces, “descubrimos” que nuestros padres no nos quieren lo suficiente; que no somos tan hábiles como nuestros compañeros; que la soledad nos apabulla; que las demás personas pueden hacernos daño… En suma, que el mundo y/o los otros son elementos hostiles a nuestra existencia.

Estos eventos configuran una manera de vernos a nosotros mismos y nos proveen de recursos para sobrevivir en el futuro. Esta es la génesis de nuestro drama personal. A partir de esto, la vida se convierte en una sucesión de acontecimientos que le dan coherencia a nuestra historia, a nuestra identidad, a eso que creemos que somos.

Esos momentos claves en nuestra vida, se quedan archivados en nuestro inconsciente e, incluso, podemos llegar a borrarlos de nuestra memoria, o eso creemos. Pero guardan un residuo emocional que se activa cada vez que nos sentimos en una situación similar. Es un malestar que nos recuerda que no estamos a salvo y que es necesario activar esa estrategia de defensa/evitación para continuar íntegros.

No se siente como un peligro de muerte (aunque a veces, si el trauma es masivo, puede serlo). Suele sentirse como un “mal rollo”. Una cosa en el cuerpo que nos recuerda que “debo portarme bien”; “tengo que conseguir el trabajo que necesito”; “si no sonrío igual piensa que no le tomo en cuenta”; “me sabe mal decirle esto que siento”; “¡Pero éste qué se ha creído!”….

Y cuando este estado aparece en nuestro cuerpo y en nuestra mente, obedientemente seguimos nuestra pauta establecida, en un intento por adecuar la realidad a ese espacio seguro que nos puede mantener a salvo. Hemos aprendido a huir, evitar, cambiar, saltar, esos estados emocionales de mal rollo. Y de esta forma, actualizamos una y otra vez ese patrón inconsciente que lo ha ocasionado.

Pero, ¿Qué pasa si transgredimos ese aprendizaje, y nos damos cuenta de que sólo se trata de una emoción que nuestro cuerpo puede aceptar? ¡Que ocurre una verdadera revolución en nuestro modelo de pensamiento! Nos separamos del foco perceptual de las circunstancias y empezamos a enfocar en cómo emergen dichas circunstancias y qué pasa en nosotros. Así, en lugar de evitarlas, de seguir el curso del guion establecido, nos centramos en cómo opera esto en nuestro interior.

La revolución está en el cambio de foco: Ya no soy un sujeto histórico, soy una observadora del momento presente en este cuerpo que experimenta la vida. Ya no soy el protagonista de MI historia, soy el/la  actor/actriz que representa esta historia, y que sabe que la vida no es este personaje. ¡¡¡SOY LA CONSCIENCIA QUE OBSERVA ESTA EXPERIENCIA!!!!

En lugar de evitar el mal rollo, me valgo de esa sensación física y mental de malestar para ver qué estructura la sostiene. Puedo observar la identidad en acción, aceptando este estado tal y como ocurre y dejo que me muestre en qué consiste mi “error de percepción” inicial.

No hay trucos, no hay técnicas o una “estrategia” para sanar tu pasado a través de tus emociones. Es ante todo, una invitación para descender, por este hilo de Ariadna que se presenta en forma de viejo conocido emocional, a las profundidades de tu historia. A ese punto en el que percibiste que el mundo y tú erais de una determinada forma y que corrías un determinado peligro.

Consiste básicamente en ser consciente del malestar que se te está generando en este momento y hacerte la pregunta: ¿Qué se está activando en mi identidad? Y al lanzarte esta pregunta, observas con curiosidad qué te están mostrando tus pensamientos, tus emociones. Y responde desde la más absoluta honestidad, qué es aquello que estás percibiendo.

Puedes también tomarte un tiempo íntimo. Tomar consciencia de esta emoción, sentirla plenamente, y preguntarte: ¿Cuál es el primer recuerdo que tengo de esta sensación? E ir hacia atrás en el tiempo. Tal vez encuentres un momento hace mucho tiempo, pero sientas que aún puede haber algo antes. Toma ese recuerdo como punto de partida, y pregunta: ¿Hay algo más atrás? Deja que los recuerdos emerjan de la mano de esta sensación física. Observa aquello que tu mente te muestra, siéntelo con la intensidad del momento original. Sin juicio, sin interés de reparar, sin ninguna condena a nadie, observa qué es aquello que tu mente te trae. Siente el germen de esa historia en el ahora. Experimenta intensamente ese recuerdo. Has abierto la caja de los truenos que tanto has temido, pero esta vez quieres ver. Si tu mente intenta evadirse, recuérdate cariñosamente, que estás en el momento presente, contigo como compañía incondicional.

Cuando ese momento, pasa al consciente de este momento, puedes ver con más nitidez, los cuadros que a tu yo pequeño no le ha sido posible completar. Puedes contarle a ese yo pequeño, con la madurez de tu yo adulto, que estás aquí, para acogerte y acompañarte hacia la consciencia de eso que eres realmente. Estás sacando ese “aviso de emergencia” de las profundidades de tu sistema límbico, y estás permitiendo que tu neocortex, complete los cuadros de percepción que te hacían falta. De esta manera, se va desmantelando, con naturalidad y aceptación radical, esa historia que construiste en un momento determinado y que cuando se ha activado en tu vida, lejos de narrarte y advertirte sobre el momento presente, te recuerda una y otra vez, un momento que ya no está aquí.

Tu misión, si es que decides aceptarla, es ser consciente de cómo opera tu identidad, cómo se vive LA VIDA, desde un cuerpo humano, desde la dualidad, desde la lentitud de un universo concreto. Y por supuesto, disfrutar de este viaje a los confines de la linealidad y la dualidad, tal y como se presenta, porque asumes, intuyes y vas experimentando que aquello que eres no se altera, no se afecta, no se corrompe, no envejece, no muere, ni siquiera sufre. Sencillamente ES.

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